Cuarta Jornada – Temporada 2

by SlamPoetrySantako
1 año ago
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¿Se puede pedir algo más?”

Oye, escúchame hijo, voy a pedirte algo…” Isa sobre el escenario nos recita “A mi hijo” de Juan Manuel Flores. “Cuando notes que estoy lleno de polvo y de costumbres (…) llevame hasta tu mundo (…) yo te seguiré por siempre con mi corazón y con mi sangre”. Palabras cargadas de emoción del poeta que ve en el transcurso del tiempo la obsolescencia humana y le pide a su hijo que le haga de guía. Preciosa forma de empezar la velada.

Tras la bienvenida, sube Otto al escenario para informarnos, en clave de humor, que nuestros ojos no nos engañan. Pese al parecido familiar ésta noche será él quien haga de presentador y no Pablowsky, que se encuentra en el slam de Mallorca como artista invitado. Se oyen gritos de “Guapo, sexy, saleroso!”. Pese a sus supuestos nervios, Otto se mete al público en el bolsillo con sus bromas y presenta al equipo dedicando especial atención a Isa, nuestra “matriarca”, que ha conseguido unir a todas las sedes en una comunidad “slamica” sin necesidad de investiduras o pactos: “Chúpate esa, Abascal”. Empezamos fuerte.

Repasamos normas, recordando que “las pajas – mentales o no – se hacen en casa”, y mostramos el merchandising. Parece que el talento comercial viene de família. “¿Se puede pedir algo más?” Por vender, Otto hasta se ofrece como novio facilitando su número de teléfono (el de verdad). Su lado más canalla está enganchando, y mucho. Repartidas las pizarras continúan las sorpresas. Lamentablemente el artista invitado, Xisco Rodenas, no ha podido venir por problemas de salud pero como dice Isa “para un roto un descosío”. Vértigo azul es un proyecto en el que el Isa y Otto están trabajando y verá la luz en unos meses. Deciden darnos una primera cata. Isa sube al escenario y comienza a recitar: “Para empezar, desplazate erguido (…) como si despertaras por primera vez a la vida”. Nos pide que vivamos la vida al máximo mientras los acordes de Otto, guitarra en mano, se suman hasta arrancar a cantar todo lo que no quiere que pase cuando se muera. Así, las dos voces se van alternando, meciendo las letras primero en verso y luego en cante. Crean magia sobre el escenario. Para “calentar la muñeca” del jurado nos ofrecen una segunda actuación. Otto comienza cantando a ritmo de bolero:

Nadie ha venido a mi entierro
y no por falta de amores
pero es que en ésta cuneta
no crecen las flores”

Isa le acompaña recitando, recordándonos el dolor de las guerras y el fallo humano de no aprender del pasado. Realmente hechizan. “¡Bravo!” entre el público que rompe en aplausos al finalizar la actuación y les premia con un total de 26’7 puntos. Aún hipnotizados por lo que acabamos de presenciar, Otto pide “bajar luces y poner los móviles en modo satisfayer” para dar inicio, ahora sí, a la competición.

Laura Arch, ganadora de la jornada anterior, sube al escenario para hablarnos del bulling, a través de los ojos de una niña que perdió las alas fruto del odio de sus compañeros y del odio hacia si misma, en ese infierno llamado instituto. Sus palabras sobrevuelan la sala como lo hace el avión de papel que lanza Otto para dar paso a la puntuación: 25’2 puntos y el reconocimiento del público. El segundo en salir es Dante Alarido que, voz en grito, nos anima a bailar, besar, equivocarnos, derrocharnos y amar sin límites, en definitiva, a vivir sin miedo porque “el miedo a la vida es siempre mayor que el miedo a la muerte”. Ovación de los asistentes que le otorgan 27’5 puntos reducidos a 25’4 tras la penalización por los 33 segundos de más en la ejecución. Con la sala llena, llega el tuno del tercer slammer de la noche: Menzo, que con un estilo que roza lo esquizofrénico, se presenta como “el payaso callejero” y nos habla de las alegrías y sufrimientos que conlleva el trabajar a la intemperie. Entre risas y estupefacción consigue un total de 22’6 puntos. Iñaki, sale en cuarto lugar, y se arranca a dar palmas acompañado por el público para confesarnos que “su pena es más grande que el suelo que le sujeta” en el sin sentido de saber que “sin su amor muere”. Unas bulerías que le brindan 25 puntos. En el equinoccio de la noche, Paula Delito se estrena en nuestro slam. Con estilo chulesco nos habla de “antepasadas, jodidas, violadas, calladas poetas analfabetas” que haciendo la calle, saben mucho de luchas, y de las que también somos nietas. La sala rompe en aplausos y le premian con 26’4 puntos. En sexto lugar otro neonato, Pablo Rodríguez, se estrena en Santako para hacer filosofía y ciencia en forma de verso tratando de medir el amor y el tiempo de la relación que fue y ya no es. Las matemáticas no fallan: 23’6 puntos.Ángela Fernández, la séptima en salir a escena, habla del papel dependiente de la mujer en un “cemento” que se nutre de guerras y, de la búsqueda de bosques, sueños y realización personal que piensa llevar a cabo gracias a la frialdad del ser al que ha dejado. Reconocimiento del público que le proporciona 23’2 puntos. La octava slammer es María Valles rebautizada como “María Olé tú” quien, con voz dulce y emocionada, nos habla del sueño, un ser aniñado y sincero incluso cuando “con algodón de azúcar como pelo” envejecemos, y de la relación de éste con la “mariposa” que es la pena y la rabia, “crisálida del miedo”. Enorme ovación de los asistentes, que la premian con una puntuación de 27,5 más que merecida. En novena posición, Germán Chocero nos confiesa, en un arranque de sinceridad, que tiene “su corazón en un puño” temiendo que sean los puños de otros los que arremetan al verle caminar de la mano de otro hombre. Nos habla del dolor que ello causaría en su família y del miedo, silencio y fragilidad que siente en el instituto, pero cansado de esconderse se confiesa a voz en grito: “¡Llamadme maricón, porque hoy, aquí en casa, lo soy!”. Valiente actuación y apabullante respuesta del público que le jalea y le otorga un total de 25’9 puntos. La última slammer en salir, Eli Sanz, nos cuenta en catalán, como le pidieron que callase cuando escribía recordando a todas las mujeres caídas, olvidadas y silenciadas de nuestra historia, mujeres rabiosas de mirada clara cuya esperanza todavía conservamos dentro. Ovación de la sala para la poeta y abucheo generalizado para el seis de una de las pizarras frente a las puntuaciones por encima del nueve del resto del jurado dando un total de 28’2 puntos, la más alta de la noche.

Tras el descanso de rigor y el minuto de silencio en homenaje a Pablowski, Otto nos regala una nueva actuación musical, ésta vez en solitario, no sin antes recordar su número de teléfono para posibles pretendientas. Interpreta “Ni rosas ni bombones”, que tal y cómo él mismo describe “habla sobre el miedo que tienen ciertas personas cuando han terminado una relación sentimental a meterse en otra”. Y así, en clave chacarera y guitarra en mano, le confiesa a su chica que “prefiere un ramillete de condones y romper su cama y no su corazón”. Toda una declaración de intenciones.

Llega el momento de sortear el lote “Rock and roll” previo cántico del que ya es un himno del slam: “A por el lote, oé!”. Dani, embajador y ojos de Slam Poetry Santako, hace de mano inocente. Tras la entrega del premio cuya ganadora describe la noche como “emocional y pasional”, se pide silencio sepulcral para dar paso a la ronda final. Una final que ésta noche será sólo de mujeres: Paula Delito, María Valles y Eli Sanz.

En primer lugar sale a escena Paula Delito y, con estilo teatrero, nos confiesa que “tiene miedo a volverse normal”. Nos habla de la pereza que le produce lo descafeinado, “lo que va de progre”, crítica la mente funcionarial, “crustáceos sin sentimientos en ventanilla”, e interpela “a sus amados sueños” para a que “crezcan y se expandan sin límite” bajo su protección. A continuación, María Valles comienza a recitar:“Elefante rosa, no pienses en un elefante rosa” y nos hace partícipes de penas y rutinas y de los consejos odiosos de quienes sin entender, se entrometen. Dice haber “armado un tendedero de letras en el pasillo” para no perder la inocencia porque “caer hacia arriba siempre fue su mejor suicidio”. Finalmente, Eli Sanz nos confiesa en catalán que tiene “un monstre dins” que intenta destruirla, hacerla callar y dejarla indefensa. Un monstruo que responde al desconcierto, miedo y vergüenza de querer y envejecer pero al que ha retado para aniquilarlo con la mejor arma, el amor.

Es la hora de elegir ganadora. Se reparten las cartulinas entre las finalistas: Paula sostiene la de color rojo, María la amarilla y Eli Sanz la verde. Al grito de “1,2,3…slam!” el público vota quedando un total de 5 rojas, 11 amarillas y 5 verdes. María Valles se erige como ganadora de la noche mientras el público corea “Olé tú”. Merecidísima victoria.

Entregado el trofeo de rigor, y ya sin cronómetro, María nos pide permiso para recitar un texto muy especial. Lo escribió al enterarse de que su padre, recientemente fallecido, padecía de un cáncer. Traducido al gallego, quiso interpretarlo en el slam de Galícia, la tierra de su padre, pero no tuvo oportunidad al no pasar la primera ronda. Hoy le hace especial ilusión “poder hablar con el cielo un ratito en gallego” y así lo hace: “Fae pocos días que sabemos que marcharás…”. Dice que él era “o braille de sua mudez” y mudo y emocionado se queda el público al escucharla brindándole un aplauso final de lo más envolvente. María tan pequeña y recogida como es siempre ha conseguido llenar todas y cada una de las esquinas de la sala ésta noche. Gracias por ello, de parte de todo el equipo.

Finaliza ésta primera jornada de 2020 con nostalgia por los que no están pero cargada de sorpresas, risas y emociones. ¿Se puede pedir algo más?

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